Los episodios de los sueños, en lugar de fundirse en una pantalla nocturna y evaporarse rápidamente, vetean profundamente, como el ágata, los parajes oscuros de nuestro cuerpo. Existe una formación a través del sueño. Ella se antepone a cualquier otra. Puede decirse que una persona formada para siempre a través del sueño es alguien que ha cursado sus inhumanidades a fondo. Tanto más cuanto que los sueños clásicos, los primeros sueños que visitan la infancia, lejos de ser ingenuos, son atridas y se nutren de tragedia.
Un espíritu puro no puede comenzar ni terminar y nunca se transforma. La caída de los ángeles es por lo tanto insensata (...) El diablo representa en cierta medida los defectos de Dios. Sin el diablo, Dios sería inhumano.
La estética del fracaso es la única durable. Quien no comprenda el fracaso está perdido (...) La importancia del fracaso es capital. Si no se comprende el secreto, la estética, la ética del fracaso, nada se ha comprendido y la gloria es inutil.
Como el amor, como el mareo, la carencia penetra por todas partes. La resistencia es inútil. Primero que todo, un malestar. Luego, las cosas se agravan. Imagina un silencio que corresponda a los gemidos de miles de niños cuyas nodrizas no vuelven a casa para amamantarlos. La inquietud amorosa traducida en lo sensible. Una ausencia que reina. Un despotismo negativo.
Gritos metálicos ahogados por la rabia por repetición constante de tuétanos y napalm El licuado del tiempo es anatema del espacio y yo aquí, esperando vuestras carnes
La penetración es fricción y la fricción, insurrección de poros y de falos y de axiomas y coágulos del dolor del mundo que brota de lo orgánico de la sangre que clama por tubérculos y diásporas
Vórtices de carne oxidación de lo improbable crepúsculos de arterias corrupción de lo inmutable Este es mi Cuerpo y esta es mi Sangre Comed y bebed y transformaos en mi cáncer
El tedio mortal del heroinómano curado. Todo lo que hacemos en la vida, incluso el amor, lo hacemos en el tren expreso que corre hacia la muerte. Inyectarse heroína es abandonar el tren en marcha; es ocuparse de otra cosa que de la vida y de la muerte.